“Para el esquilador Don Venancio Zárate“así escribió “Lalo” Sosa
en el encabezamiento de esta zambita bien pampeana muy poco conocida y mucho menos difundida.

Cuando escribió esta zamba (circa 1987) seguramente ya no quedaban, no sólo en el campo donde se había criado con su familia, sino también en los de los alrededores de la comarca de la Colonia “La Pastoril”; hacia los cuatro puntos cardinales, grandes majadas de ovejas, ya muy reducidas por supuesto, por efecto del puma, pero sobre todo por las crisis pampeanas y los ciclos económicos argentinos y mundiales.
Venancio Zárate había sido bautizado en el campo “La Esperanza” situado en el lote 17 de la Sección XVIII, por el cura italiano José Durando un 17 de mayo del año 1917. Lamentablemente no sabemos, porque no está consignado en el documento, a que Sección pertenecía el lote y tampoco el Departamento. Era hijo de Martín Zárate e Isidora Guanchul, siendo sus padrinos Antonio Rio Padre y doña Luisa Anchapil.
Su nombre Venancio, proviene del latín y significa “cazador” o “el cazador” o “amante de la caza”, es muy probable que haya sido sugerido por el cura Durando que sabía latín y que predijo de esa manera el destino que la vida le depararía al niño, basado seguramente por las costumbres de los padres y abuelos que pudo observar el Misionero. Hay además, dentro de la Iglesia Católica un San Venancio Fortunato que nació en las proximidades de Venecia y que llegó a Obispo en Francia.
Este Venancio del oeste pampeano al que le canta Sosa en cambio, provenía de madre del pueblo originario, era un mestizo; esquilaba a tijera, es decir era habilidoso como muchos paisanos que fueron ocupados para esos menesteres. Quien a pesar de haber nacido en “La Esperanza”, esa palabra que el poeta invoca en dos estrofas, anduvo esquilando ovejas ajenas, porque él no fue dueño de nada y ya, en el ocaso de su vida, se quedó “sin ninguna esperanza” de tenerlas.