Nació en el campo “Mira Pampa” de los hermanos César, Alfredo y Hugo Viniegra, un 5 de marzo del año 1957. Ese predio rural está situado no bien se cruza el límite norte de La Pampa, con el sur de la provincia de San Luis. Seguramente sus progenitores trabajaban en dicho establecimiento cuando se produjo el alumbramiento, así que se crió desde pequeño escuchando el mugido de las vacas y el relincho de los caballos.
Sus padres fueron Martín Medero y Juana Victoria Coria. Sus abuelos Juan Medero y Obdulia Altamirano por vía paterna y Martín Coria y Juana Dasso por la rama materna. Toda gente criolla de pura cepa a la que le corre por sus venas sangre del pueblo originario, de tez morena, curtida por el sol y cabello oscuro.
Cursó sus primeros tres años de la escuela primaria en el colegio Don Bosco de Victorica, pero como no era devoto a la misa que todavía se decía en latín, el cura lo castigaba haciéndole llenar cada semana hojas enteras del cuaderno con la frase “tengo que ir a misa”. Hildo no lo pudo soportar y pidió permiso a sus mayores para cambiarse a la escuela 7 donde terminó sus estudios.
De niño Hildo comprendió aquel mandato familiar que decía “o estudias o trabajas”, pero como su familia era humilde y sus abuelos no le iban a poder costear otros estudios, comenzó a buscar trabajo.

Hildo montado en pelo en su caballo en la manzana donde se relacionó con los caballos y aprendió a tratarlos. A la derecha un fragmento de la casa de los abuelos y en el horizonte el monte de la antigua chacra de la familia Cazaux.
El primer trabajo fue el de aguatero. Su familia le dio el primer caballo que tuvo en su vida, apodado “El carnaval” y le consiguieron un tambor montado en unas ruedas. El agua la cargaba en el grifo de Obras Sanitarias de la Nación que estaba frente a la casa de su tia Irene Medero de Alcaráz. Era un trabajo pesado para un niño cargar latas de veinte libros con agua, vaciarlas en el tambor y después en cada casa debía bajar el agua en esas latas y llevarlas al depósito de sus clientes.
Como se ganaba poco un día Hildo habla con Silverio Millapán que era capatáz de troperos. “Yo lo quiero acompañar” le dijo Hildo, pero Silverio al ver a ese niño de once años, flaco y algo desmirriado le advierte: “mirá que yo me levanto temprano” y el niño con aspiraciones de hacerse hombre, le pregunta, “¿a qué hora?” y Millapán le contesta cortante como para descorazonarlo “a las cuatro de la mañana” y Medero chico, el hijo del Martín de la Juana le insiste “Yo los quiero acompañar”.
Y así fue, al otro día a las cuatro de la mañana Mederito estaba con su caballo listo para lo que mandara Silverio. Salieron para Luan Toro. De ahí al otro día fueron llevando la tropa hasta el campo de Enrique Andrada en el sur de San Luis. Fue la primera vez que durmió en un toldo, una tapera de un hachero seguramente. Cavado un metro en el suelo, armado con varillas de caldén y cubierto con pasto puna. Le sacó el recado al caballo y se acomodó para descansar del trajinar por la travesía. Hicieron otros arreos de los que participó, uno fue a la estancia “Las Margaritas”, pero como después le vendieron el caballo allí se terminó su experiencia de tropero.
Entonces fue que habló con Arturo Torres que tenía una carnicería en el barrio, le ofreció que fuera al matadero a ayudar en la carneada. Del jornal ni hablar, la paga eran las achuras que el joven llevaba para la casa familiar.
La casa de los abuelos donde se crió estaba en la manzana frente a donde actualmente está la segunda tranquera de acceso al campo de doma “Rosario Balmaceda”. En esa manzana solían parar algunos de los últimos carreros de la zona. Así que desde ahí un día con su amigo el “Chacarero” Orozco se dijeron, “vamos al pueblo a buscar trabajo”.

La búsqueda fue con mucha suerte, porque se le da por entrar a la Farmacia de la esquina de la plaza de Domingo Frois a preguntar si no tenía algún trabajo para él. El dueño le dijo que viniera al otro día y recibió la propuesta de realizar tareas durante medio día, es decir lo tomó a prueba. Después de algunos días el patrón le dice que venga día completo, ante lo cual Hildo deja definitivamente el trabajo de aguatero. Era el año 1970, recuerdo haberlo visto a ese jovencito generalmente a la hora de la salida cuando yo iba a la farmacia a tomar los datos para la contabilidad de la empresa.
Cuando llegó el año de ingresar al servicio militar tuvo la suerte de no ser incorporado, estaba más contento que chico con caballo nuevo. Así que al poco tiempo un 26 de mayo del año 1978 se casa con la joven con la que venía noviando, que era de las orillas, pero más al norte. Se conocían porque ella trabajaba para la familia de Eladio Rodriguez. Ella es hija de Teresa Miranda y sus abuelos son Félix Miranda y Genara Torres. Es sobrina de Margarita y Julián que fueron mis compañeros de la primaria en la escuela 7.
Se conocían de lejos, hasta que un día ella entró a la Farmacia “Del Pueblo” de nuestro profesor Domingo Andrés Frois Regis, ofreciendo vender una rifa para la cooperadora del “Félix Romero” y ahí comenzó el romance. Como ella vivía en una casita frente a la “Chacra Negra” cerca de un gran eucaliptus, él la acompañaba y luego regresaba a la casa de los abuelos. Esa compañera de la vida tuvo la genial idea de regalarle el año 1979 para su cumpleaños, una potranca, lo que hizo aflorar la sonrisa en la cara circunspecta del agasajado, que casi no lo podía creer, pero que luego saltó de alegría como niño con un chiche nuevo. Y él no lo dice pero un angelito me contó que algunas lágrimas le mojaron la cara. Es que la alegría era inmensa porque volvía a tener un caballo, pero ahora de su propiedad.
La familia Medero-Miranda ha sido bendecida por dos hijos varones, que les han dado la felicidad de disfrutar de los nietos. Y que convencieron al padre de ir a ver jugar a Boca en el estadio de la bombonera.

Hildo comenzó a participar en los desfiles de la Fiesta Provincial de la Ganadería sin perderse ninguna. La Comisión organizadora lo ha designado hace poco para realizar la tarea de solicitar la venia a las autoridades para dar inicio al tradicional desfile en el Parque Histórico “Los Pisaderos”, lo que realiza con la mayor responsabilidad y compromiso. Es además integrante de la Agrupación Tradicionalista “León Cazanave”.
Uno de sus amigos al que estimó mucho fue Osvaldo Ramón Borthyri, compartió y aprendió mucho de él, sobre todo de los caballos, no sólo de los de desfilar, sino de los de carrera también.
Ahora Hildo y Marga como le dicen a su esposa, son dueños de la farmacia donde comenzó a trabajar de cadete, además son propietarios de una porción de campo en la zona de chacras. Creo que el destino, la estrella familiar, el hado personal o la fortuna de su signo zodiacal (Piscis) que pertenece al elemento agua, y representa la sensibilidad, emocionalidad e intuición, le tienen deparado a Hildo otros momentos satisfactorios.
Indudablemente Hildo Medero el joven del Pisadero, es un auténtico hombre de la tierra, que tiene estilo campero, que ama lo que hace y que no renuncia a sus sueños porque es trabajador experimentado, decidido a afrontar nuevas actividades y sobre todo un hombre de férrea voluntad.