Cuando don Germán Castillo, ciudadano español realizó su ingreso a la Argentina, estuvo radicado en la provincia de Buenos Aires, allí se casó con la argentina María Regina Suarez.
Él era criador de ovejas, pero cuando la provincia de Buenos Aires comenzó a dedicar sus tierras para criar vacunos para carne de exportación, él decidió, como muchos otros, internarse en el Territorio Nacional de la Pampa Central donde podían adquirirse tierras baratas.
Pobló el campo “La Elenita” situado al noroeste de Victorica, el primer pueblo del Territorio donde había llegado el ferrocarril del Oeste el año 1908. Más al oeste de la estancia “La Marcela” que había creado don Enrique T. Kenny, el fundador de la dinastía descendiente de irlandeses.
Eran diez mil hectáreas en el área marginal del bosque de caldén. El primer problema que tuvo que resolver fue el de la aguada. Él conocía, porque se lo había comentado su amigo Alfonso Capdeville, que en la estancia “La Florida” de la familia Echeveste en el paraje La Travesía, los hijos del vasco habían construído un pozo que era el más hondo en la zona hasta ese momento con “146 metros de profundidad desde donde brotó un surgente copioso que alcanzó 78 metros de agua poniendo incluso en peligro la vida del señor Enrique Moeller, que era quien estaba trabajando en el pozo”.
Germán, no se amilanó y arriesgó a encontrar un surgente, haciendo cavar un pozo a pico y pala de 164 metros de profundidad, hubo que atravesar la tosca buscando la napa profunda más abundante posible, calzando en tramos la pared con chapa de zinc sostenida con postes de caldén.
Pero el agua que manó era salada, recordemos que a comienzos del siglo XX, varias leguas más allá corría a pleno el río Salado que en épocas de crecidas inundaban los bañados de una amplia zona y que ya se hablaba de un “rio subterráneo” que venía desde el sur de San Luis y atravesando en diagonal terminaba en Bahía Blanca, al sur de la provincia de Buenos Aires.
Los animales la podían tomar, por lo tanto problema solucionado. Pero había otros problemas con los que lidiar la langosta que venía de las provincias del norte de la Argentina, y hacían desastre, además la presencia de pumas y zorros, más los cuatreros y bandoleros.
Castillo participó activamente de la vida política, social y comercial de Victorica. Cuando el español Juan Llorens reorganizó la sociedad lo invitó a formar parte de la misma. Ya se conocían porque toda la lana que provenía de La Elenita siempre la había comercializado la Barraca de Llorens. Así que puso parte de sus ahorros en una cuota parte de la antigua firma.

El año 1930 se había realizado el casamiento de su hija Isabel María Regina de quince años con el señor Edgardo César Castillo de veinticuatro años domiciliado en Zapala (Territorio Nacional del Neuquén). Fueron testigos y padrinos Germán que ya tenía 64 años y su esposa Regina que tenía 47 años. El mismo se consagró en Victorica el 9 de septiembre de ese año en la iglesia de la Merced siendo el párroco Ángel Crescini quien bendijo el matrimonio.
Germán le encargó a nuestro abuelo italiano Luigi Cesanelli, la construcción de su casa de familia. Está situada en diagonal donde estaba el almacén de ramos generales del italiano Domingo Lemme. Es la misma que actualmente es la residencia de Irma Becerra.
Falleció en Buenos Aires el 29 de septiembre de 1935, la Municipalidad le rindió honores y su cuerpo presente fue velado en el salón de la misma, antes de llevarlo al cementerio de Victorica donde descansa en paz en una de las bóvedas del camino central.