Cabral, una familia tejedora del pueblo originario

Doña V

eneranda Cabral, nació en la Colonia General Emilio Mitre, Departamento Chalileo, del entonces Territorio Nacional de la Pampa Central, un 14 de diciembre del año 1925.

En el rancho de su familia, compartiendo con su madre y su abuela, junto a sus hermanas, aprendió el oficio de hilandera primero y de tejedora después.

Los Cabral habían llegado a la colonia a principios del siglo XX cuando fueron desplazados desde el paraje “La Blanca” en los alrededores de Luan Toro. Pero dicha “Colonia” fundada el año 1901 estaba creada como “Pastoril”, no como colonia indígena, razón por la cual no hubo reconocimiento de autoridad de los lonkos tribales ni de la propiedad comunitaria de la tierra. Además su administración estuvo a cargo de la Dirección Nacional de Tierras y Colonias de la República Argentina.
Eran descendientes de la familia de Ramón Cabral “El Platero”, quien desde la provincia de Córdoba, reingresó al territorio junto con las tropas del Ejército en 1878 integrando el escuadrón de “Indios Amigos” de la denominada “Conquista del Desierto”. Algunas familias del clan quedaron en Victorica, cuando el Coronel Ernesto Rodriguez fundó el pueblo el año 1882. El General Juan Ayala trajo otras familias con él cuando se hizo cargo de la Gobernación del Territorio Nacional de la Pampa Central en General Acha, capital de la misma el año 1886.






En el Censo Nacional de Población del año 1895, en el Departamento 7°, cuya capital es Victorica, aparece registrada bajo el N° 119 una mujer de 30 años bajo el apellido Cabral, Lorenza de, casada, cuyo origen es la Pampa Central y lo más interesante es que su profesión (así lo dice la planilla del censo) es tejendera (sic). Lamentablemente el Censo no estipula de que lugar de la Pampa Central era nativa o residente.



En tanto que bajo el N° de registro 338 está registrada María Cabral de 70 años viuda, originaria de la Pampa Central, de profesión hilandera y con 6 hijos.



Asimismo al N° 515 encontramos a Cabral, Rosa de 38 años oriunda de la Pampa Central, de profesión tejedora y con 8 hijos. Seguidamente con el N° 516 aparece una niña de 10 años también oriunda de la Pampa Central a la que se le anota como profesión el de tejedora. Con el N° 567 encontramos a Cabral, María de 65 años, casada, oriunda de la Pampa Central, de profesión tejedora y con 8 hijos.



En el N° de orden 619 aparece Cabral, Chivid de 98 años, oriunda de la Pampa Central, siendo la hilandera más longeva registrada y con 9 hijos.



Y conon el 678 aparece Cabral, Juana de 38 años casada, oriunda de la Pampa Central, de profesión hilandera y con 5 hijos.






Durante los años de su niñez y juventud y hasta 1946 aproximadamente, el río Salado que corría a pleno, solía albergar gran cantidad de majadas de ovejas en la zona, que proveían la lana, la carne y la leche para la subsistencia. Los hombres eran los que trabajaban en las estancias como avezados esquiladores y peones expertos.



Al sur del paraje “Paso de los Algarrobos” se producía la confluencia del Atuel con el Salado y al oeste del Salado los inmensos Bañados del Atuel proveían de agua dulce, pasto y fauna silvestre para alimentación animal y humana. Allí vivían los Cabral, Morales, Lima, Montiel, Canuhe, Melideo, Bengolea, Fraga, Paez, Cicucha, Montenegro entre muchas otras familias.


La construcción del Embalse del Dique “El Nihuil”,  inaugurado el año 1947, sobre el curso del río Atuel en la provincia de Mendoza, produjo el corte del escurrimiento de las aguas hacia el Territorio Nacional de la Pampa Central. Ese fue el comienzo del éxodo de la población de la Colonia Mitre, y sus alrededores, dado que las familias numerosas no podían subsistir con las escasas 625 hectáreas que se les había asignado.


Las plantas autóctonas de la región como la jarilla, el piquillín y otras, eran las que permitían extraer de sus raíces, tallos y hojas los colores para teñir. A ellos se agregaban el uso de las anilinas industriales, que podían conseguirse por trueque o que compraban a los vendedores ambulantes cuando llegaban por el rancho.

Los diseños que se utilizaban eran los de la cultura mapuche que se venían trasmitiendo desde tiempos inmemoriales por sus ancestros. Con el correr de los años ella se convirtió en una artesana auténtica y transmisora de los modos de vida de los ranqueles y araucanos, en particular de las técnicas ancestrales del tejido.
La actividad vital de doña Veneranda fue motivo de varias investigaciones antropológicas. De su auténtico arte devenido en trabajo hogareño escribieron investigadores sociales como Augusto Raúl Cortazar y Mabel Ladaga, por citar solo dos personalidades de renombre nacional e internacional. Fue también la informante y la fuente viviente para quienes, a finales de la década del 70 organizaron el Mercado Artesanal Pampeano, situado en Santa Rosa. Su trayectoria trasciende lo expresado en los premios en el rubro tejido, obtenidos en la exposición de la Sociedad Rural de Palermo y en la Feria de Artesanías Tradicionales Argentinas, ambos en Buenos Aires (Argentina). Obtuvo, además, los siguientes premios: en el año 1986, Mención Honorífica a la Actividad Artesanal de Méritos Relevantes, en 1989 Primer Premio en Poncho y en 1994 Primer Premio en Matra.

Su arte textil es el testimonio de las culturas originarias que integran nuestra pampeanidad. En ella se mantuvieron las técnicas ancestrales mapuches, con las modificaciones acordes al contacto con otras etnias. Desde su lugar de residencia, al oeste de la Colonia Emilio Mitre, y a través de sus trabajos supo difundir los modos de vida de “los antiguos” y transmitirlos a las nuevas generaciones, en recreación permanente.
Por su fructífera trayectoria en esta valiosa creación del arte indígena, además de recibir importantes premios, en el orden provincial y nacional, el Gobierno de la Provincia de La Pampa la distinguió concediéndole el Premio Testimonio el año 1997, en la disciplina Folklore y Artesanías.
Falleció en Victorica, donde estaba viviendo desde hacía un tiempo, el 1º de abril de 1999. Su hija Guillermina y nieta prosiguen con su oficio.



En la imagen de la foto tomada por el fotógrafo Julio Freytes, se la observa a Guillermina sentada al costado de un rancho de chorizo como el que habitó con su madre en el campo, con su huso de hilar 

Doña Veneranda era la madre de Guillermina Cabral quien hace más de cuarenta y ocho años que vive en Victorica. Al comienzo, Guillermina trabajó en casas de familia. Tenía dieciocho años cuando dejó el rancho de su madre allá en la costa del Salado cerca de los pagos de Santa Isabel.


Traía en sus genes, en su retina, en sus ojos y en su memoria todo lo que había aprendido desde niña al lado de su benemérita madre. Por eso fue que después de llegar del trabajo a su casa, tejía un par de horas sobre el telar horizontal.

Todo lo relacionado con los textiles de los pueblos originarios se ha transmitido de generación en generación en forma oral. En el norte argentino y chileno se utilizaron al comienzo el pelo de los camélidos, pero luego de la llegada de los españoles y la introducción de la cabra y las ovejas los pueblos originarios de américa del sur, sobre todo en la Pampa y la Patagonia, comenzaron a utilizar la lana de estos animales que era más larga.

El gobierno argentino llevó adelante la ocupación de todo el territorio pampeano en donde estaban instaladas las tribus de los pueblos originarios por dos razones: 1) por el proyecto de la expansión del capitalismo dentro del esquema de la división internacional del trabajo y 2) por el temor a que los chilenos se quedasen con toda la Patagonia.

Terminada la denominada “Conquista del desierto” se crea la Gobernación de la Patagonia desde 1878, en cuya jurisdicción estará integrado todo el territorio de la actual provincia de La Pampa. En 1884 al dictarse la ley 1532 de administración de los Territorios Nacionales se crea la Gobernación de la Pampa Central.

El primer pueblo fundado el año 1882 fue Victorica, donde actualmente vive Guillermina. Cuando su madre nació lo hizo en un rancho situado en un campo cercano al pueblo Santa Isabel que había sido fundado el año 1904.  Como los terratenientes de la provincia de Buenos Aires necesitaban criar vacunos para exportar carne, empujan a los ovejeros hacia la Pampa Central y la Patagonia. Es por eso que una de las que más ovejas tendrá en su campo en esa zona será la Estancia “Ventrenco” de propiedad de Northern Camps Limitada, en los alrededores de Santa Isabel y la zona del Salado.

Todo esto lo habrá vivido o se lo habrá escuchado contar a sus mayores cuando niña, en el rancho doña Rosario Peralta la abuela de Guillermina, que vivió en la tierra por la que supo andar el Cacique Llanquetruz, el lonko ranquelino.

Entre los años 1906/7 Miguel Ángel Cárcano y sus padres visitan al Coronel Lucio V. Mansilla en su residencia de París, en esa ocasión Mansilla le dice a su mujer que le alcance el poncho pampa que le regaló su compadre el cacique Mariano Rosas cuando lo visitó en Leuvuco. Lamentablemente y a pesar de haber estado debidamente envuelto, el poncho había sido atacado por las polillas. Al ver eso Mansilla no pudo contener su llanto, era el único recuerdo que le quedaba de aquella hazaña. El poncho había sido tejido por una de las mujeres de Mariano, tejido con lana de oveja y teñido con las plantas de los alrededores de la laguna donde tenía Mariano su toldería.

Ahora los ponchos que teje Guillermina y que vienen obteniendo premios en la Sociedad Rural de Palermo en Buenos Aires, son adquiridos por estancieros que disfrutan agregando a sus pilchas criollas con las que desfilan, estas genuinas obras de arte indígena.


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